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Martes, 9 de Abril de 2019

El insomnio ya es habitual por estos días. Lo extraño es que me desvelo pensando en nada. Pero a la vez en todas las probabilidades imposibles, en los trompicones del destino. En las preguntas que nada revelan, pero que todo lo agobian. Me quedo pensando en la sed de mañana. Pero a la vez en el pavor que recorre mis venas, de que un día más ha llegado a su fin. Un día menos.
Me quedo colgada de la mirada perdida de esa niña que pedía a gritos un chupetín, esta tarde, en el kiosco de al lado. Me quedo a escondidas pensando en tu sonrisa. Cuando me quiero acordar ya estoy perdida en el sonido de tu voz. Que me recorre, que me inunda. Que me lleva a otros lugares. A otros pensamientos. El sonido de tu voz. Genera tantas cosas diferentes, incontables. El sonido de tu voz. En eso me quedo tambien colgada. Te la robo un rato e invento conversaciónes. Charlamos de todo. De tus lunas, de mis soles. Del mundo y del infierno. Me lleno de tu voz, para que no se me olvide.
 Y se pasan las horas y el reloj me apura. Pronto va a aclarar. Pronto el mundo va a salir a enfrentar un nuevo día. Ese mismo nuevo día al que temía no llegar. La noche no fue eterna. Entre tantas cavilaciones pasó de largo. El día se la comió cruda.
Y me obliga a quedarme dormida. Pero con el sueño cambiado. Con los sentimientos corridos. Con la mirada torcida. Me obliga a dormir. Y quizá en ese dormir te sueñe. Y podamos compartir algo, un instante al menos.
Cuando me despierto siempre estoy perdida. Y enojada. Tanto tiempo desperdiciado durmiendo. Y tanto tiempo de dormir desperdiciado viviendo, pensando, soñando despierta. ¿Por qué será que siempre tengo esa costumbre de llevarle la contraria a todo lo que conozco? A veces me gustaría quedarme un poco mas quieta. Así no rompo nada.
Y así vivo los días, siempre a destiempo del resto del mundo. Inventando mis propios ritmos, marcando mi propia cadencia. Reclamandome por lo que decido no hacer, y reclamandome por lo que si elijo. (¿Elijo?)
Ya es la tarde, el crepúsculo se acerca.

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Sabado, 20 de Abril de 2019

Te extraño. Extraño que te des cuenta que te extraño. Extraño lo que eramos juntas, ese código unívoco que compartíamos. Extraño que me llames por todo, o por nada. Extraño tu voz. Extraño tu sombra en las paredes de mi casa, extraño tu risa perturbandolo todo. Extraño tu presencia, si. Pero es mas que eso. Porque ultimamente me irrito en tu presencia. Porque te veo y no estás. Porque sos vos, pero otra. Extraño los planes del futuro, la vida compartida. La incondicionalidad al final se volvio condicionada. Igual no te culpo. Ni a vos ni a mi. Quizá sólo sea un tramo de este camino compartido. Capaz en la próxima rotonda te vuelva a encontrar.