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El romanticismo y el amor

Dos caminos tan alternos pero convergentes. Uno se demuestra en pequeñas acciones, cotidianas, casi imperceptibles. Son silencios, son momentos compartidos, es acompañarnos, estar incondicionalmente. El romanticismo se demuestra exageradamente, es inherente al amor, pero va por su propio camino. Exige grandes esfuerzos a veces, demasiada creatividad, romper con la rutina para trasladarse a algo similar a otra dimensión. El amor es la realidad, es el día a día. El beso de cada mañana, el calor de un café recién hecho, agarrarnos de la mano en cada caminata. El amor es cuidado: taparte si hace frío, prender la luz si te veo en la oscuridad, servirte un vaso de agua porque se que no tomaste otro desde que te levantaste. El romanticismo escapa de lo mundano, explora otros estadíos en los que la realidad parece lejana. Nada tiene que ver con lo cotidiano o esos pequeños actos de cuidado. Es como estar en otro planeta, como si los problemas quedaran atrás, como si no existieran. Es un papeli...
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No necesito nada que no tenga en mis brazos.

Con el tiempo entendi que no estoy sola. Que las ausencias planificadas no son soledad. Esperar un mensaje, una señal, no solo es mantener vivo algo que murió hace tiempo, es ponerme una venda en los ojos. El mensaje está implícito en el no-mensaje . En la ausencia selecta, adrede. En el vacío oscuro que elegiste crear. Ya no tengo ganas de permanecer en un estado de espera latente, conservando códigos, emblemas y confesiones. No necesito esperar mas nada, porque entendí. Sí, después de todo comprendí que es un sinsentido esperar algo que no existe o que murió hace rato. Pero lo mejor, es lo que descubrí: No te necesito en absoluto porque me tengo. No necesito que me valides, que me entiendas ni me encuentres.  El amanecer me encendió en mil pedazos, cuando me ví pude rearmarme. Todavía estoy entendiendo cómo encajan las piezas, pero confío en el proceso.  No necesito nada que no tenga en mis brazos.

Leer

Mamá a veces se preocupaba de más. Otras de menos. Pero de esto en particular, de su preocupación digo, me voy a acordar siempre.  De chiquita leía mucho, leía todo lo que me encontraba, revistas, diarios, comics, libros de anatomía, del espacio. Cuentos de todos los géneros y colores. Leía hasta quedarme dormida, leía hasta que la luna se alejaba y daba paso al sol. Leía en el changuito del supermercado, leía en la plaza en vez de acercarme a jugar con otros chicos. Leía mientras ella me hablaba. Leía en vez de hacer la tarea del colegio. Leía lo que yo quería, no lo que me imponían, ojo. Siempre por ahí. En el único lugar donde no podía leer era en el auto. Me mareaba tan fuerte que siempre terminaba vomitando, pero a mi pesar ni palabras ni pensamientos. Leía tanto que mamá se preocupaba. "No es normal", "algo le pasa", "se está evadiendo de la realidad". Y la verdad es que un poco de razón tenía. No en su preocupación, sino en su última afirmación. Lee...

Solo tus canciones me parece escuchar

  No sé por qué. Si acaso es por todo. Si es por nada. No sé.  ¿A qué viene de la nada este llanto impetuoso?. Ese nudo indescifrable, en plena garganta.  No sé de dónde. Perdí el mapa hace tiempo.  Será el cansancio, será el dolor, será la ausencia.  No sé de quién. Aunque no veo a otro candidato: solo a mi.  A fin de cuentas, lo único que sé, es cuándo.  Y es ahora, en este instante. Repentino, inesperado. Pero a la vez tan predecible. Es como si el cansancio me susurrara al oído, “ya estuve acá”. Como un abrazo cálido de un viejo amigo, entrañable. Y por eso visceral. Este grito de angustia, este nudo que me enreda cada vez más, que me absorbe. Que me roba la voz y me traba la mente. No puedo pensar, las palabras no quieren salir. El nudo; y esa presión en la nariz, entre los ojos. Rogando que no llueva, y ahí nomás tormenta. Me encuentro lúcida pero lejana. Sensata pero sin sentido. Rota pero emparchada. Y de fondo suena “... ya está, cuánta ambig...

Viernes

  He celebrado con euforia logros ajenos como si fuesen propios; de personas que hoy son tan lejanas que ni yo me reconozco frente a ellas. Cada vez que es mi turno pasa algo, es la historia de mi vida. Las personas que eligen quedarse son audaces. Sé que se arriesgan a compartir mi destino. Y por eso les admiro. Pero son pocos. Algunos son hasta superficiales, tan volátiles, que quizá en un año, solo sepa de ellos luego de esas dos conversaciones que inicié, en un arrebato de extrañitis y dolor agudo. Terminando siempre en lo mundano. Siento que estoy atada a un destino en busca de la profundidad, y todo es superficie. ¿Alguna vez voy a encajar en este mundo? ¿Alguien compartirá este dolor hasta las entrañas?  Siempre siento que la equivocada soy yo. Fuera de lugar. La intensa. Debe ser la vez un millón que escribo acerca de querer ser una piedra. De no tener esta emoción a flor de piel. Y mirar el mundo, aunque sea por una vez, como lo mira el resto. De lejos, sin entromete...

Jueves

Hoy me levante mareada. El cielo está blanco flúo y eso me molesta. Un montón. Hace días que salgo a caminar y a observar. A observar a la gente, el trajín del tránsito. A escuchar, el susurro de los árboles, las risas que se lleva el viento, el silencio infinito que se adueña por unos minutos de la avenida. Pero, ¿sabés lo que más me pasa ultimamente? Siento que estoy hechizada. Como si alguien me hubiese tirado una maldición. No puedo escapar. Cuando era pequeñita le temía muchísimo a morir. Hoy en día ya estoy un poco más amigada con ese concepto. Pero aún así, la muerte me duele. Pero no cualquier muerte. La tuya. La que todavía no termino de aceptar, ni de entender. Tu muerte, que no finalizó tu vida, simplemente la detuvo. De golpe y sin previo aviso te fuiste. En tan poco tiempo que no pude despedirme. Algun dia se me va a romper la asadera de mi abuela. Se me va a romper y no la voy a tener mas. Se va a ir, lejos. Va a dejar de existir acá. Igual que mi abuela. Se va a romp...

Chau

Un día te fuiste.  Me dijiste, como si nada,  “no quiero mas nada de vos” Y desapareciste. Como desaparece la noche tras cada amanecer. Te fuiste. Abriendo la puerta a un nuevo comienzo. Sin vos. Nunca me imaginé que el final iba a estar auspiciado por tu egoísmo,  por tu falta de empatía. Ahora sé cómo viven los demás. Ahora sé que la vida sin vos es amarga y silenciosa. ( Y eso me hace acordar a vos, a tu última esencia, a tu revolución) No paro de pensar si tendría que haberme ido primero cuando vi que ya no eras vos. Aunque yo también evolucioné, quizá mi mejor versión  no fue suficiente para vos. Lo que no para de atormentarme es el futuro. Pero no por tu no presencia, si no por aquellos que vendrán. ¿todos juzgarán así? ¿Todos se van a ir así, sin mirar atrás, sin llevarme?