Mamá a veces se preocupaba de más. Otras de menos. Pero de esto en particular, de su preocupación digo, me voy a acordar siempre. De chiquita leía mucho, leía todo lo que me encontraba, revistas, diarios, comics, libros de anatomía, del espacio. Cuentos de todos los géneros y colores. Leía hasta quedarme dormida, leía hasta que la luna se alejaba y daba paso al sol. Leía en el changuito del supermercado, leía en la plaza en vez de acercarme a jugar con otros chicos. Leía mientras ella me hablaba. Leía en vez de hacer la tarea del colegio. Leía lo que yo quería, no lo que me imponían, ojo. Siempre por ahí. En el único lugar donde no podía leer era en el auto. Me mareaba tan fuerte que siempre terminaba vomitando, pero a mi pesar ni palabras ni pensamientos. Leía tanto que mamá se preocupaba. "No es normal", "algo le pasa", "se está evadiendo de la realidad". Y la verdad es que un poco de razón tenía. No en su preocupación, sino en su última afirmación. Lee...