No sé por qué. Si acaso es por todo. Si es por nada. No sé. ¿A qué viene de la nada este llanto impetuoso?. Ese nudo indescifrable, en plena garganta. No sé de dónde. Perdí el mapa hace tiempo. Será el cansancio, será el dolor, será la ausencia. No sé de quién. Aunque no veo a otro candidato: solo a mi. A fin de cuentas, lo único que sé, es cuándo. Y es ahora, en este instante. Repentino, inesperado. Pero a la vez tan predecible. Es como si el cansancio me susurrara al oído, “ya estuve acá”. Como un abrazo cálido de un viejo amigo, entrañable. Y por eso visceral. Este grito de angustia, este nudo que me enreda cada vez más, que me absorbe. Que me roba la voz y me traba la mente. No puedo pensar, las palabras no quieren salir. El nudo; y esa presión en la nariz, entre los ojos. Rogando que no llueva, y ahí nomás tormenta. Me encuentro lúcida pero lejana. Sensata pero sin sentido. Rota pero emparchada. Y de fondo suena “... ya está, cuánta ambig...