Necesito expulsar. Hablar de la expulsión. Inventar otro
verbo y re significarlo: expulir. De expulsión más fuerte, ¿existe? Lo busco. No
encuentro nada referido a eso. Esa palabra la use mucho hoy: referido, referir,
remite. ¿De que hablo? ¿de qué habla mi mente? No puedo más, siento que exploto, que algo
dentro mío implosiona y tiene que salir expulsado. Vomito metafóricamente. Pero, ¿qué es lo que tanto vomito? ¿qué es lo que tanto tiene que salir?
¿Por qué no me contestas? ¿Por qué te alejas? ¿Por qué
me alejo? ¿Soy yo la que no contesta?
Siento una desolación. A veces cuando
desaparece la gente, pero no de verdad; está bien, soy muy extremista usando
esa palabra. ¿Desvanecerse? No tampoco, muy ambigua. Simplemente se ausenta. Así
me gusta más. Esa ausencia, sé que no es eterna. Lo sé muy bien, osea lo puedo
racionalizar. Pero hay algo adentro mío que explota. ¿Qué es? Una mezcla de
sensaciones: ausencia, soledad, melancolía. Con todas esas aprendí a convivir. Pero
hay una que es la que me mueve, es la que me motoriza.
¿Por qué? (Claramente aquí
debo definir, que el por qué que
estoy utilizando no hace alusión a “¿por
qué a mí?” No, no. Específicamente me estoy preguntando ¿por qué me haces esto?) Bueno, analizando esto
que acabo de escribir soy consciente de que la pregunta al fin y al cabo parece
seguir siendo por qué a mí. Pero no. Osea, es obvio que se trata de mí. Estoy
hablando de mí. Pero estoy hablando de un otro. Ese otro que parece
actuar adrede. En esta oportunidad es uno en particular. Pero me topé con todo
tipo de individuos que actuaron de manera exacta. Quizá no exacta, porque las
circunstancias fueron siempre distintas. Pero la forma de actuar es idéntica. Mi
mente entra en un limbo. Se empieza a cuestionar. ¿Soy yo entonces el problema?
¿La sociedad opera en conjunto para derrumbar mi autoestima? No no, eso es muy psicótico.
O muy egocéntrico de mi parte. Entonces ¿qué
es lo que queda? La siempre absurda suposición de que es a propósito. De que
todo lo que parece lindo siempre tiene detrás de esa máscara una piel de
malicia. De perversión. Quizá la palabra no sea expulsión, sino excluida. Siento
una abstracción de mi persona en la línea temporal de tu vida. Una exclusión metódica.
Y es metódica porque la usas a tu antojo. Porque también me siento usada. Usas mi
compañía, mi tiempo, mi persona, solo cuando vos lo consideras necesario.
Porque sino no te ausentarías cada vez que intento acercarme. No me rechazarías
con tanto desdén.
Las secuencias de conducta me llevan a realizar esa
conjetura. No puede dar otro resultado la ecuación. No se si me explico. Porque
a la vez no quiero detallar ningún suceso en específico. Solo este, con el que
me choco siempre y quedo apesadumbrada, varada. Pero ante todo confundida.
Comentarios
Publicar un comentario