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Leer

Mamá a veces se preocupaba de más. Otras de menos. Pero de esto en particular, de su preocupación digo, me voy a acordar siempre. 

De chiquita leía mucho, leía todo lo que me encontraba, revistas, diarios, comics, libros de anatomía, del espacio. Cuentos de todos los géneros y colores. Leía hasta quedarme dormida, leía hasta que la luna se alejaba y daba paso al sol. Leía en el changuito del supermercado, leía en la plaza en vez de acercarme a jugar con otros chicos. Leía mientras ella me hablaba. Leía en vez de hacer la tarea del colegio. Leía lo que yo quería, no lo que me imponían, ojo. Siempre por ahí. En el único lugar donde no podía leer era en el auto. Me mareaba tan fuerte que siempre terminaba vomitando, pero a mi pesar ni palabras ni pensamientos. Leía tanto que mamá se preocupaba. "No es normal", "algo le pasa", "se está evadiendo de la realidad".

Y la verdad es que un poco de razón tenía. No en su preocupación, sino en su última afirmación. Leer, para mi, siempre fue un boleto de ida a mundos fantásticos. Leer, para mi, siempre fue la puerta de escape (o de entrada, según cómo lo veamos). Un salvavidas en medio de un mar turbulento. Una estrella en la oscuridad de la noche. Leer como medio de transporte. Leer como medida de salvataje. 

Mamá, hiciste bien en preocuparte. Pero estoy a salvo, nada ocurrió. Solo me iba de viaje con mis protagonistas a mundos increíbles, lejos del lío que había en casa. Lejos de la cotidianeidad que me aburría. ¿Existe algo mejor que viajar sin moverse de donde se está?

Gracias por preocuparte mamá. Hoy estoy bien, tengo en mi haber galaxias innombrables, paisajes inimaginables, atardeceres perfectos. Mil historias y algunas despedidas. Corazones que se rompieron y un caudal de lágrimas que bien podrían llenar una pileta de natación (o dos). Risas para alimentar energéticamente a 100 ciudades de Monster Inc. Deseos como estrellas hay en el cielo.

No tenés que preocuparte más, mamá. Ahora soy una experta. Los años me obsequiaron el don de la suspicacia, ya no me fío de cualquiera. Y me sigo yendo, má. Me vuelo por ahí: a veces al pasado, a veces al futuro. Pero no temas, siempre vuelvo.

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Sabado, 20 de Abril de 2019

Te extraño. Extraño que te des cuenta que te extraño. Extraño lo que eramos juntas, ese código unívoco que compartíamos. Extraño que me llames por todo, o por nada. Extraño tu voz. Extraño tu sombra en las paredes de mi casa, extraño tu risa perturbandolo todo. Extraño tu presencia, si. Pero es mas que eso. Porque ultimamente me irrito en tu presencia. Porque te veo y no estás. Porque sos vos, pero otra. Extraño los planes del futuro, la vida compartida. La incondicionalidad al final se volvio condicionada. Igual no te culpo. Ni a vos ni a mi. Quizá sólo sea un tramo de este camino compartido. Capaz en la próxima rotonda te vuelva a encontrar.